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Blog Personal

Musicos en Acción - Por Rodolfo Perez
25 Oct 2021

Dale valor a tu historia…

Hace algunos años pertenecía a la red de empresarios de una cámara de comercio estatal, esta organización realizaba un desayuno semanal con el propósito de estrechar lazos, su lema lo explicaba todo: Hacer amigos con los negocios y negocios con los amigos. Este evento daba la oportunidad a cualquier empresario que lo deseara de ofrecer una ponencia, y esta podía tratar sobre el producto o servicio que ofrecía su empresa, su rol en el mercado o algún aspecto sobre su profesión.

Entre los giros que más predominaban en dicha red se encontraban comerciantes, agricultores, industriales, servicios profesionales de abogacía, marketing y médicos entre otros, y la razón de mi presencia ahí era por mi actividad en el sector de los bienes y raíces.

Cuando se acercaba mi turno para exponer un tema, el coordinador que me conocía muy bien, me pidió que hablara algo sobre música para cambiar un poco la temática usual. Accedí con mucho gusto y considerando que en la región donde vivía la gente no se distinguía por su gusto hacia la música clásica decidí tomar el papel de evangelizador y preparar una charla de apreciación musical.

Llegó esa mañana y comencé mi plática hablando sobre que era la música recurriendo a las concepciones generales; “es un arte…”, “es un lenguaje universal que derriba las barreras del idioma y del tiempo…”, “es un testigo fiel de la historia que nos habla a través de la emoción…” (Savall, 2010) , “estos son los más grandes compositores, ¡Qué increíbles!”. Conforme exponía alcancé a escuchar algunos comentarios que cualquier persona sin ser conocedor haría pero sin el mayor interés: “que interesante”, “que bonito”… etc. Y continuaba con mi charla: “¡Ahora para que vivan lo que acabo de decirles sobre la música les pondré el gran concierto para piano de Beethoven en sol mayor Op. 58!”

Antes de poner la música la charla duró 20 minutos y no tuvo mayor impacto entre los asistentes, la verdad eso me hizo sentir un poco frustrado, y en lo que se escuchaba el concierto que dura alrededor de 36 minutos tomé mi sitio para desayunar junto con los demás. Después me frustró mas darme cuenta que el efecto de la música del gran Beethoven fuera el mismo que el de mi plática, solo era algo ameno y de fondo que se escuchaba mientras las personas desayunaban y conversaban un poco. En eso, una señora que estaba a mi lado me dice para reconfortarme: “Es que aquí no se escucha mucho eso y no conocemos esa música”. Claro, tenía toda la razón.

Cuando terminó el concierto, justo antes de que el coordinador tomara el uso de la voz para despedir el desayuno le pedí un momento. Les pregunté si conocían la historia de amor entre Orfeo y Euridice, y nadie la sabía. Así es que en breves cinco minutos les platiqué la historia pero centrándome principalmente en el momento que Orfeo toma el arpa queriendo convencer a Caronte de ayudarlo a cruzar al inframundo, y al finalizar, les expresé cómo Beethoven tomó esa escena para componer el segundo movimiento de su concierto.

¿Qué paso después? La mayoría pidió que se pusiera de nuevo ese movimiento, y mientras se escuchaba hubo un completo silencio y daba la impresión que casi al final de la pieza algunos habrían retenido su respiración hasta que se dejara de escuchar la delicada y última nota que Barenboim tocaba al piano. Una vez concluido el evento, antes de marcharse además de agradecer la charla, muchos de los asistentes me pedían los datos de la obra, donde encontrar la grabación, que intérpretes la tocaban, etc.

¿Qué ocurrió? La obra musical no cambió en nada, yo no cambié o corregí algo de lo que había dicho sobre el concepto de música, lo que hizo posible el cambio en aquellos empresarios fue una historia. Beethoven no cambio nada, ni yo cambié, Ellos fueron los que cambiaron y la misma música paso de ser algo de fondo a capturar su atención.

Lo anterior nos sirve para reflexionar que en el mundo profesional, nosotros los músicos debemos revalorar los usos y costumbres que giran en torno a nuestra profesión, de forma particular en como promovemos nuestro trabajo. Y así como una historia hizo posible que Beethoven penetrara en la atención de un grupo de empresarios cuyos intereses eran periféricos al arte, tu propia historia puede hacer lo mismo por ti cuando toques frente a una audiencia o cuando quieras lograr que el director de ese sello discográfico tome tu proyecto.

Como lo afirma Kindra Hall (2020), el poder de tu historia tiene más impacto que cualquier dato que puedas ofrecer sobre ti o sobre tu trabajo, porque con ella logras capturar la atención y te permite crear vínculos que te ayudan a conectar. Ya lo decía Joseph Campbell (2014) las historias funcionan porque el ser humano esta hecho de historias.

Te comparto algo, recientemente hice un pequeño cambio en la semblanza curricular que se anexa en los programas de mano de mis conciertos, y en lugar de redactarla en tercera persona -como frecuentemente se hace- lo escribí en primera persona, en lugar de ofrecer datos sobre donde y con quien he estudiado, lugares que me he presentado, distinciones que he recibido, etc. Decidí escribir una pequeña historia sobre mi vida en la música. El resultado después del concierto fue completamente diferente al de mis presentaciones pasadas, esta vez fueron más las personas que se acercaron al final de la presentación para una sacar foto, preguntar por mis discos o simplemente para saludar y contarme una historia similar a la mía. A partir de esa decisión, de ese pequeño cambio pude comprobar el resultado de una historia; la empatía.

Contar tu historia puede hacer la diferencia en tu carrera musical, porque tus datos solo informan de donde eres, donde estudiaste, los discos que has grabado, los premios que has obtenido ¿Pero que más?… Muchos músicos también han logrado cosas importantes al igual que tú. La diferencia entre tu y ellos está en como se narran esos logros, porque los datos informan mientras que las historias conectan.

Si el par de historias personales que te he compartido no fueran suficiente argumento, asómate un momento a ver los anuncios publicitarios de algunas de las grandes compañías como Apple, Amazon, Movistar, Coca Cola, etc. Notarás que cuando promocionan sus productos o servicios recurren a contar historias a través de imágenes o video y lo último que hacen -si es que lo hacen- es hablar de los detalles o características de lo que ofrecen.

Nunca escribo para aconsejar, pero si crees que haces un trabajo de calidad y aún así no has recibido respuesta positiva de las propuestas que envías, de los recursos que solicitas o de las plazas a las que postulas, te invito a que empieces a contar tu historia construyendo un relato a partir de tu propia experiencia en la música. Independientemente de cual es el género que trabajes, tal vez pudieras iniciar a escribir tu historia preguntándote porqué tocas ese instrumento, qué te motivó a incursionar en ese género, cómo nació ese disco, etc. No te preocupes, no tiene que ser una gran historia, solo tiene que ser la tuya y será una excelente herramienta para encontrar y conectar con tu público.

“La publicidad ya no es sobre las cosas que haces, sino sobre las historias que cuentas” Seth Godin

Trabajos citados
Hall, K. (2020). Historias que impactan. Ciudad de México: Aguilar.

Canal Belarmo. (25 de Agosto del 2011) Jordi Savall y la Disnatía Borgia [Archivo de video] Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=SLZNXVwfXZY

Campbell, J. (2014). El Hombre de las mil caras. Psicoanálisis del mito. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica.

Godin, S. (2019). Estos es marketing. Barcelona: Paidos

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